miércoles, 21 de febrero de 2018

EL DISCRETO ABUSO DE LA TOLERANCIA


Los recursos económicos de un país se deben administrar sin que sean dilapidados mediante ocurrencias políticas faraónicas – Alfonso Campuzano


Cada región autonómica tiene a su disposición una partida de dinero, diferente en cuanto a nombre, variable en cuanto a cantidad, aunque suficiente como para quien la recibe no tenga ningún deseo de trabajar, y fomente un eterno parasitismo social.
Esta partida de dinero público, extraída de los impuestos, casi expropiados, que pagan los contribuyentes, se convierte en lo que vulgarmente se llama renta de inserción, o de garantía de ingresos, está dedicada a personas en situación llamada de exclusión social, no es una pensión contributiva, pese a que se paga mediante la utilización de la Caja de pensiones.
El destino final de dicha partida contempla dinero en efectivo y pagos en especies como gratuidad en la escuela para menores, libros de texto, enseñanza del idioma, comedor social, mochila con comida, campamentos de verano, transporte, medicinas, carnet de conducir, etcétera. Eso no quita para que, permitido por los consistorios, se vean pedigüeños de todas las edades que, a pesar de esta renta, se les permite pedir limosna, con lo que añaden hasta veinte euros diarios.
Con esta invitación política, a fin de colgarse medallas, se importan familias enteras: abuelos, tíos, primos, cuando los recursos económicos españoles, lejos de ser infinitos, requieren una visión continua de apoyo a sus posibilidades para que los políticos no frivolicen con intereses que son ajenos a su bolsillo.
Con el paso del tiempo se ha comprobado que sus descendientes, los niños no progresan en las escuelas, no van a forjarse un futuro, porque faltan a clase, o bien por falta de costumbre en sus países de origen, pese a que la sociedad está dispuesta a pagar su puesto escolar, están dispuestos a desaprovecharlo, con lo que, de continuar a este ritmo, conseguirán hundir el sistema, pues vienen exclusivamente por las subvenciones, a no trabajar, y la triste realidad hace que la integración fracase.
Se debe tener presente que hay cerca de un 20% de desempleados (más de tres millones) y casi un 28% de personas en riesgo de pobreza y en exclusión social (casi trece millones), con el agravio comparativo de que no tienen acceso a todo lo que dispone un inmigrante/refugiado, sin contar con que estos invitados son los que tratan de imponer sus costumbres religiosas, sociales, culinarias, en lugar de aceptar por respeto, sin excepción y sin excusa, las que el Gobierno anfitrión del país de acogida les ofrece.
No hay duda de que la caridad, la solidaridad, la tolerancia, de esta sociedad ha de mantenerse ante esta acogida masiva de refugiados/inmigrantes, lo que acarreará una nueva subida de impuestos a los contribuyentes.
Pero, desgraciadamente, no se hace así. Existe un intento lento, pero seguro, de destruir a los países superpoblados de acogida. Es como una marcha verde que, en vez de ser africana, es europea, pues pueblos y ciudades enteras se están desplazando, mediante su intolerancia, a la conquista pacífica.
El desafío de los inmigrantes/refugiados hay que replantearlo bajo la solución que pasa por abrir/tender nuevos frentes como son la repoblación de otros territorios, casi despoblados, como puede ser el continente africano, no por falta de recursos naturales, que los tiene, y muchos, sino por falta de inversión industrial.

ALFONSO CAMPUZANO
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martes, 23 de enero de 2018

HACIA EL PACTO CONFISCATORIO



Cuando los valores morales no se utilizan por cobardía, desidia o desconocimiento, la sociedad padece una frustración generacional – Alfonso Campuzano

Los políticos españoles, más mitineros que oradores, cuyos nombres propios lo puede poner aquél que tenga interés, tienden a que, con lo que ello significa, su discurso se transforme fácilmente, gracias al alardeo demagógico, cuando aflora el desconocimiento que distorsiona la realidad.
Al igual que en todas las concentraciones mitineras se entremezclan diferentes balidos, sobre todo cuando no se sabe ni se propone dar con la salida del túnel horadado con mente mediocre. El bienquedismo, el buenismo, el buenrrollismo, el pelelismo, son opciones que, a veces, da buenos resultados, incluso políticamente correctos que, en partitocracia, que no en democracia, desvirtúan los valores morales, ya sean individuales o colectivos, al reconocer la dictadura de las minorías.
Ha tenido que ser el Tribunal de Cuentas quien ha comunicado, al Gobierno de alterne, que aquellas personas, trabajadoras o no, que no colaboren/contribuyan/coticen, no pueden depender de la Caja de Pensiones, añadiendo que las prestaciones no contributivas nunca debieron depender de ella, sino de los Presupuestos Generales del Estado.
Lo fácil, sin rubor, y cada vez con menos vergüenza, es desvalijar la Caja de Pensiones, por eso peligra, pero no actualmente, como quieren hacer creer, sino desde la primera vez que un Gobierno, socialista para más detalles, metió mano en 1982, y continuaron aprovechándose los restantes hasta la fecha para hacer enjuagues políticos que no entraran en los difíciles pactos de los Presupuestos Generales del Estado.
A los políticos les importa poco, o nada, la Caja de Pensiones, porque ellos están por encima de los jubilados y de la propia sociedad y, sobre todo, porque sus pensiones, las reconocidas de los miles de ex cargos públicos son estratosféricas, como tres o cuatro veces superior al tope máximo de cualquier trabajador, sin haber cotizado un solo día y con menos días de ¿trabajo?
Cuando las trompetas de la nueva crisis económica se dibuje en el horizonte, los políticos deberían recordar que, hasta el momento, desde 1973, han tenido lugar unas cuatro de repercusión mundial, todas artificiales, porque no se crean ni se destruyen simplemente se trasforman en la siguiente, perviviendo sin desaparecer totalmente, durante las cuales, el dinero cambia de manos, pero a manos llenas, sobre todo haciendo que disminuyan los salarios y el poder adquisitivo del estrujado contribuyente, mediante recortes, cuyas cotizaciones no pueden aumentar, salvo para ellos, que tienen patrimonio del que tirar.
Es amoral que la gestión de los Presupuestos Generales anuales del Estado, por ley, no entiende la palabra ahorro, sino la explotación como si fuera una esclavitud, tengan que gastarse, incluso más de lo necesario, hasta el endeudamiento, porque al año siguiente, mediante tasas e impuestos, habrá más que el anterior, abundando en la filosofía de repartirse el pastel porque paga, hasta las copas, el contribuyente.
Cuando la mala gestión de gastos gubernamentales frívolos, la malversación de fondos públicos, el reiterado incumplimiento del déficit público, el aumento de  tasas e impuestos, la propuesta que se hace al pensionista ¿es el suicidio o a la eutanasia?
Corolario: El pensamiento del político que solicita el voto en los comicios, ¿piensa en la gestión de la cosa pública o en el aumento de su patrimonio?

Alfonso Campuzano
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