lunes, 24 de noviembre de 2014

LA PACIENCIA PIDE PASO


Nadie puede negar que actualmente la sociedad española está viviendo un cambio de ciclo político, precisamente más acentuado, si cabe, desde la abdicación de S.M. Juan Carlos I en su heredero constitucional Felipe VI, sin olvidar que todo cambio de rumbo precisa de un golpe de timón, con prolegómenos que siempre tienen lugar en las tinieblas para no velar el negativo de la película antes de tiempo, pues podría conducir a una catástrofe política.
Cuando se lleva una porrada de años navegando, ya sea en un carguero o en un transatlántico, sin rumbo fijo y sin tocar puerto, aunque no falte lo elemental, lo habitual es que, ante el abordaje de un bergantín, provisto de armas letales que no se ven, mientras alza la bandera de la inacción seductora del laissez passer, laissez faire, el pasaje y la tripulación inicien un motín en toda regla, pues es propio de políticos actuar como ciegos y como sordos ante acontecimientos que los supera.
La democracia que se inauguró a finales de 1978, pero con el paso de las legislaturas, sobre todo está última, la X, se ha ido transformando en una dictadura civil, léanse recortes mentiras, deslealtades, que jamás debieron instituirse por ir en contra de preceptos constitucionales, lo que resulta fácil para alguien que pretenda entrar en el círculo de poder. Estamos a paso y medio de una dictadura real, debido a que los gobiernos lo han hecho tan rematadamente mal que cualquier grupo político, aún sin programa electoral puede superarlos.
Aparentemente, los alzheimerados políticos actuales, en el camino recorrido, están atascados y envarados, como siempre, mirando sus propios intereses económicos en lugar de gestionar los intereses para los que fueron votados. Desde los comienzos de la última crisis económica mundial, cuando se les pregunta por la economía, al unísono como loros,  responden que ya se ven brotes verdes. Unos brotes que, desde hace más de un septenio, sólo ven ellos, precisamente los brotes de sus patrimonios, no los del resto de los españoles.
A los contribuyentes se les ha acabado la paciencia. Las familias, ante los famosos brotes congelados, viven bajo la dictadura de una economía de guerra, mientras que los quinientos mil políticos, a los que la crisis no les ha afectado ni siquiera rozado, gracias al esquilme al Estado que decían servir, han multiplicado exponencialmente y con ostentación sus bienes, según se pueden ver las presuntas declaraciones patrimoniales.
Ya no se fían de ningún político conocido, porque consideran que han sido engañados pues, analizando retrospectivamente todos los programas electorales propuestos durante las diez legislaturas, ningún gobierno ha sido capaz de desarrollar totalmente la Carta Magna. Todos se han preocupado de llenar sus bolsillos y los de sus tataranietos, hasta rebosar, para más de cien vidas. Mientras, los españoles confiaban en que el bienestar veía su eclosión con la instauración de la democracia, pues con una buena gestión, la crisis hubiera pasado de largo sin que hubiera afectado a nadie. Sin embargo, la esperanza se rompió en mil pedazos a causa de la voracidad de unos representantes que, en su afán de arrasar, rompieron los moldes de la convivencia, con sus promesas y juramentos incumplidos.
Al tocar fondo, no podía ser de otro modo, emerge con una fuerza inaudita un partido político, con consigna controvertida por ser calcada de una estadounidense con régimen económico capitalista, cuando su propuesta económica, si logra desarrollarla, es típicamente venezolana, cubana con regímenes comunistas. Ha nacido el populismo. Algo totalmente incongruente, aunque sí excelente desde el punto de vista del engaño político. Su nombre es la primera persona del plural del presente indicativo del verbo poder.
Las intenciones de voto de los compañeros de viaje hacia esta representación política viene dada por personas que están hasta los mismísimos güitos. Su cociente intelectual poco tiene que ver, porque se supone que habrá un arco de menos a más o de más a menos, como en todos los órdenes de la vida, prefiriendo ser seducidos por el canto de sirena a escuchar los discos rayados de unos políticos decadentes y corruptos a los que una autoridad competente debe arrojarlos fuera del ruedo político.
El aviso es que, el fondo y la forma de ejercer política, en el presente, ya no sirve para el futuro. No es que los que vengan con energía renovada sean mejores o superiores, que no lo van a ser hasta que no pasen dos o tres generaciones, dado que han aprendido los vicios de los maestros que los han precedido. Así que habrá que atarlos corto para que no se descuiden en los quehaceres encomendados.
Léase, como ejemplo, la beca concedida a medida a Íñigo Errejón, sin presencia física en la investigación que lleva implícita. Otro más, la productora audiovisual de Pablo Iglesias, camuflada de sociedad para beneficio en prebendas crematísticas. Se trata de una mala inauguración política que pretende corregir la corrupción: más de lo mismo, mismo perro con distinto collar, que algo cambie para que todo siga igual, etcétera. Pero como son nuevas almas en el coso de estas lides parece que ciertos débiles mentales los prefieren. No se considera que aporten algún mérito propio, sino que su acrecentamiento se debe a los deméritos de los demás.
Ahora no vale decir que los políticos corruptos son unos pocos. No, ni mucho menos. Si fueran pocos, y la filosofía fuera contraria a los que están corrompidos, serían expulsados inmediatamente. Pero no, no son pocos, sino que por deducción lógica, son todos corruptos, o casi todos . Es decir, lo contrario de lo que ellos piensan con ánimo de seguir engañando.


          Alfonso Campuzano

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miércoles, 19 de noviembre de 2014

REVISIÓN POLÍTICA


Gracias a los medios de comunicación, en la búsqueda de noticias más o menos sensacionalistas, los españoles han sabido, en general, aunque tardíamente, que ciertos políticos de la llamada transición democrática, tras haber colocado alfombras rojas de aforamiento, son personas sin escrúpulos y sin valores morales, degradados en su propia responsabilidad, declamando que hagan los demás lo que ellos no saben o no quieren hacer.  Algunos de ellos, profanos en casi todas las materias de cultura general, de ahí la cantidad de asesores, creen que sus ideas son tan originales como que están escribiendo una página de la Historia cuando, esta historia de nuestros días, ya fue escrita por sus antecesores que, al haberlo olvidado por puro desconocimiento, se repiten como el ajo o la cebolla. 
La semana de un parlamentario, a diferencia de la población trabajadora, comienza el martes y acaba el jueves, como mucho los viernes a mediodía, durante escasos ocho meses al año. El stress, dada su labor legislativa, debe dar mucho dolor de cabeza, debe ser agotador y demoledor con vistas a cuadrar sus propias cuentas, ahí tanto descanso, tanto sueñecito, tanto bostezo, tanto desperece, tanto sudoku, tanta lectura de libros y revistas de sexo, tantas llamadas a consultorios escatológicos, etcétera.
Hay una filosofía política, asumida por todos los representantes de los contribuyentes, casi esquizoide, de no asumir nunca la propia responsabilidad, pase lo que pase, aunque sea una apisonadora la que se lo exija, culpabilizando todo al pasado, sin atreverse, por ahora, tiempo llegará, a culpabilizar al futuro. Esta distorsión de la realidad es posible que provenga de sus años infantiles donde a la asignatura llamada Urbanidad no daban valor alguno y, menos aún, a la moralidad. El resultado, como puede verse, es cotidiano.
Un Tribunal de Cuentas, que informa pasados varios años que, como disculpa, con su malhacer, no hace más que abundar en el engaño institucional que largo tiempo perdura. Un consentimiento institucional hacia formaciones políticas que, desde hace bastantes años, desde el arco que va de la izquierda a la derecha sin olvidarse de los devastadores nacionalistas, asentados en quiebra económica técnica, con patrimonio netamente negativo, disintiendo en dar a conocer las cuentas de su actividad, con fatuidad, echando mano de los bancos para nutrirse de créditos que, sólo pueden permitírselo ellos, mientras que difícilmente puede obtenerlo cualquier empresa o particular pues, en último extremo, pretenden que los sufridos contribuyentes terminen pagando las deudas, les salven de sus chapuzas para, como siempre, no ser desahuciados ni siquiera inhabilitados. Y, no pasa nada, además, sin que aflore una mínima frase de agradecimiento. Es de malnacidos ser desagradecidos.
Se ha llegado a un término en que las autonomías, en lugar de ser solidarias, vocablo que posiblemente no exista en el diccionario político, se enfrentan unas a otras. La llamada, tan traída y llevada, desafección entre la región catalana y el reino de España, dado el oscurantismo constitucional, es una milonga inventada por aquellos personajes con ansia de protagonismo, que no serían absolutamente nada, que no aparecerían en ninguna foto, que su nombre no saldría con letras de molde en los periódicos nacionales, menos aún en otros, si no abanderaran esta aberración que sólo se la creen ellos y los que les siguen, en su mayoría, personas sin estilo definido, a no ser que quieran cobrarse el apoyo, caso dudoso, si triunfan.
Hasta la fecha, todo lo que ha trascendido a la opinión pública ha sido porque ha salido de la propias instituciones que, tras el análisis, se concluye que no han cumplido con la misión encomendada, por tanto deberían regenerarse o deberían retirarse sus presupuestos, pues sólo sirven para caldear los ánimos cuando ya no tiene ningún sentido actuar. De hecho, en política no se cumple la máxima: manos que no dais, qué esperáis. Los españoles continúan esperando siglos a que su mandatarios dejen de disparar con pólvora ajena, que sepan dialogar diplomáticamente favoreciendo los intereses netamente españoles, que desgraciadamente no dominan.
El depredador aparato administrativo en el que ciertos dirigentes acomplejados, bribones, impresentables, incapaces, incultos, reaccionarios, tahúres, mantienen sus prebendas, gracias a que han conseguido invadir y someter a las instituciones del Estado deberían ser inhabilitados, porque no saben gestionar el dinero público. La ralea golfa de aforados españoles aún no ha sido capaz de recortar sus privilegios, alcanzados con procedimientos reprobables, y sí ha dedicado sus mayores esfuerzos a cercenar derechos constitucionales al resto de los contribuyentes.

Alfonso Campuzano
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lunes, 10 de noviembre de 2014

EL VOTO PLEBEYO


Con escasas horas de diferencia ha coincidido, tanto la jubilación del corredactor de la Constitución española de 1978, Alfonso Guerra, como la consulta catalana ilegal. Ha elegido el mejor momento, porque siendo Presidente de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados no fue lo suficientemente hábil y valiente para devolver en su totalidad el estatuto catalán. En unas palabras a los medios de comunicación dijo que se enorgullecía del resultado final, gracias a que utilizó la lima, aunque quizá ya no fuera consciente de que estuviera deteriorada y marchita, lo que se  sobreentiende que aquello no había por dónde cogerlo. He aquí el resultado. Y de aquellas limaduras tenemos estos limos.
Lo habitual es que ciertos políticos se comporten como si fueran inconscientes sin darse cuenta de sus hechos catastróficos. Siempre tienen in mente a quién responsabilizar. Si no ocuparan el sillón que ocupan hace tiempo que estarían ingresados en un frenopático. Todos los partidos políticos, sin excepción, y durante más de una decena de años, han tenido tiempo de denunciar al gobierno de la granja catalana y sus representantes, léase Pascual Maragall, José Montilla y, sobre todo, Arturo Mas. Sin embargo, han dejado hacer lo que han hecho, quizá porque, como ellos, algo esconden como ¿presuntos corruptos, presuntos delincuentes? Peor comportamiento ha tenido, El Señor de los Recortes y de las Mentiras que, en su flagrante desaparición, no ha sido capaz de nombrar un juez que ordenara retirar las presuntas urnas de cartón mojado, que su dinero ha costado al erario público.
Un persona que comete un error, si no lo corrige, que habitualmente no lo hace, quizá por inconsciencia, está abocado a cometer otros errores. Y, en política, mucho más. La sociedad, en general, está pidiendo a gritos una transformación. Ya se hizo una cuando se votó en referéndum la Carta Magna, que lejos queda, porque siempre se hace todo lo posible para que no nos regule, o a algunos. Es tiempo de cambio, pese a las reticencias de aquellos melindrosos, que temen perder algo que los contribuyentes le regalan en cada Legislatura, y que no es vitalicio, ni mucho menos, aunque pretendan que lo sea, aunque no quieran darse cuenta, imitando a los sillones de los tiempos preconstitucionales. Lo único que se necesita es cordura, para no ejercer cualquier aventura, que no llegue a hipotecar el futuro.
Unos políticos que engañan y manipulan, tanto en pasado como en presente y posiblemente en futuro, saltándose las leyes que ellos mismos han dictado, apoyándose en algunos jueces descerebrados que emiten sentencias judiciales ideológicas como si fueran resultados de lotería, transformando la Justicia en puro resentimiento, es como para no fiarse de sus palabras cuando pidan el voto para hacer y deshacer sus negocios personales y familiares. ¿Es éste el tipo de democracia que se votó en 1978? Pues parece ser que los catalanes sí se fían. Allá ellos y su futuro miserable.
Ante el anuncio de que la consulta catalana era ilegal y que no se iba a celebrar, El Señor de los Recortes y de las Mentiras que, antes de dimitir, debía haber cesado a todos sus asesores, que han logrado infundir miedo paralizante a todas las instituciones estatales, que no se respetan entre ellas, que no han estado a la altura de las circunstancias, que desconocen la inconsciencia de la gran grieta de la crisis que han abierto y no han cerrado. Sin embargo, la consulta contra todo pronóstico gubernamental, se ha celebrado. Menudo ejemplo que están dando a los contribuyentes y al mundo entero.

El Señor de los Recortes y de las Mentiras, inhibido, mal asesorado, en su dejación de funciones, no ha sabido tomar la delantera a los caprichos de Mas, siempre ha ido un paso por detrás. Se ve que sólo tiene mano firme para los contribuyentes a los que ha esquilmado. Además, entre el elenco español de políticos, no se meten mano, aunque se hacen carantoñas ante su deserción, su cobardía manifiesta, su traición. En este reino de España hay quien roba, quien prevarica, quien elude responsabilidades, quien monta una consulta ilegal, y no pasa nada.
 Un suspenso en gerencia política, lo que se traduce en un expediente múltiple con propuesta de inhabilitación, tanto para los integrantes como para todos los partidos políticos. Con lo fácil que hubiera sido, siguiendo la letra de la Constitución, que todos españoles votaran legalmente sobre este grano que ya se ha convertido en un forúnculo, que posiblemente haya que sajarlo para extraer el mal. Lo único permitido es tomar nota de que El Señor de los Recortes y de las Mentiras no ha dejado votar a todos los españoles.
Sin embargo, ante la gravedad de la situación creada por el gobierno de la granja catalana, es bueno proponer una ruta política a seguir:
1) Referéndum nacional, a fin de solucionar el caso de rebelión por desafección, programada conscientemente por todos y cada uno de los partidos políticos ante una sociedad sedada y anestesiada, según.
2) Nueva Ley electoral, sin trucos, con elecciones primarias para todos los partidos políticos. Y,  cada uno , tanto candidato como partido político, que paguen de lo suyo, de sus afiliados, pero nunca más del contribuyente. Así la Caja de Pensiones estará en superávit y no en déficit como desde el año 1982.
3) Cortes constituyentes, a fin de redactar aquellos artículos que deban ser modificados de la Constitución, pero sin dar tantas alas a los partidos nacionalistas, como ahora tienen, como producto de dictadura de las minorías, a las que se les ha visto el plumero.
4) Antes de las elecciones municipales en mayo de 2015.
Los años pasados ya no volverán y los que sigan están aún por llegar. Así que sentémonos a disfrutar de los años presentes, sin nostalgia y con optimismo, llamando a toque de silbato a los políticos para que trabajen de una vez, y para siempre, para los contribuyentes españoles en estos próximos meses, y venideros.

Alfonso Campuzano

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