martes, 30 de diciembre de 2014

DESCONCIERTO POLÍTICO


Desde un tiempo a esta parte, en vez de gobernar con inteligencia lo que se hace es gobernar con ocurrencia. Y también vale para las diecisiete fincas. Es como una normativa surgida desde el asesoramiento inconsciente, que se sigue al pie de la letra sin tener en cuenta el futuro. Y ningún partido político escapa a ella.
Le sigue una figura psiquiátrica llamada obsesión al mentar, casi a diario, la posible muerte del bipartidismo, una fórmula que, en principio, pretende evitar la dictadura de las minorías, tan necesarias como bisagra gubernamental, aunque terminan por distorsionar la realidad al ser las grandes beneficiadas de cada Legislatura. Si dos no se ponen de acuerdo, más que para expoliar, con tres, cuatro o cinco resultaría imposible de contar.
El reino de España vive en un continuo desasosiego institucional generado por el engaño. No es lo que parece, para esto está la prensa, para expresar aquello que le dejan porque, en caso contrario, no participa de las subvenciones, y a nadie le amarga un dulce, sobre todo a los golosos. Un engaño que los políticos, en su momento, deben pagar con el sudor de su frente. Deben mucho y, de una manera u otra, se debe articular la fórmula para devolver lo malversado.
  Todo gobierno, está en su derecho, puede negar lo que le venga en gana, otra cosa es que se lo crean y les crean, porque la evidencia es la evidencia, ponga la premisa que ponga, verdadera o falsa, habitualmente la última. La frase de los famosos brotes verdes del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, ZP, es muy similar a la crisis ha terminado de El Señor de los Recortes y de las Mentiras. Se muestran como auténticos videntes en acción, cuyas palabras tardan de florecer o no florecen nunca, pero mantienen al electorado seguidor adormecido y aletargado hasta la siguiente fecha.

En estas elecciones, que se avecinan a pasos agigantados, nada tienen de particular respecto a las anteriores, pues los partidos que se presentan continúan sin representar a los contribuyentes, salvo a sus militantes y simpatizantes, forzosamente mendigan el voto a unos electores que, sobradamente conocen que en cada consulta, son más corruptos que en la anterior. Al final de la escapada, como un déjà vu, previo a unos comicios electorales, la propuesta es siempre la misma: Yo (ego) o la vorágine. 
Tras estos años postconstitucionales transcurridos se puede extraer una conclusión máxima: los políticos aspiran al poder para afanar, casi legalmente, y sin descanso, salvo casos extremadamente excepcionales. La impresión, tanto objetiva como subjetiva, es que vivimos un tiempo de la inutilidad personificada, aunque no para el chalaneo. Y mientras no se presentan con grilletes, intentan marear la perdiz con certificados bancarios inmaculados, ¿falsos? Por mucha empresa ejemplarizante que describan, su mochila política los delata y tienen tanta cara dura y tan poco sentido moral que, cuando los imputan, gritan: Yo no he hecho nada. ¿Nada? Hasta ahora, ciertos políticos han pedido disculpa/perdón, pero se les ha olvidado hacer un Junqueras. Aún se espera, pues queda muy bien retratado en la pantalla de televisión.
Las intenciones de todo gobernante pueden presumirse buenas, incluso excelentes, pero son los hechos mismos, en su conjunto, los que terminan por calificar cualquier acción. Y no saben regenerarse, no quieren o no pueden, pues con su incapacidad e irresponsabilidad los hace impresentables, pues la pretensión generalizada es claudicar ante los imputados aforados. No puede existir una regeneración, a cualquier precio y, menos aún, si existe  impunidad.
Una vez que son votados los parlamentarlos de cada grupo, sin acordarse siquiera de su programa político, que nunca jamás aprendieron de memoria, muy posiblemente se dedicarán a seguir las directrices de los grupos de presión en la sombra, para los que trabajan; unos grupos que pagan muy bien si se cumple lo que dictan. Así que el parlamentario inmoral recibe, aparte de un sueldo pagado por el erario público, dietas, prebendas, etcétera, otro sueldo en black, mensualmente o bien la promesa de un puesto más interesante quizá con miras puestas en su jubilación política, que no cronológica. Todo un desconcierto político, plagado de caminos meandrosos, sin mirar más que al futuro de cuatro en cuatro años indefinidos.
Corolario: Toda deuda proviene de una mala gestión económica. La deuda española actual, y sigue aumentando, es de un billón de euros. Un tercio está en manos extranjeras.

Alfonso Campuzano

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martes, 23 de diciembre de 2014

POSTPUJOLISMO


Desde 1939, Cataluña ha sido la niña bonita del Estado español preconstitucional, que ha continuado siéndolo postconstitucionalmente, pese a sus continuas provocaciones, impidiendo la evolución normal de la Marca España, despilfarrando todo aquello que recibe de la Hacienda española a base de premisas falsas, pero no en beneficio de los catalanes sino de aquellos políticos maniáticos de catadura moral indefinida, que tienen la faltriquera presta, amplia y apropiada, pues saben que todo lo que pidan le será concedido por el ministro de Economía de turno que siempre ha estado, y está, al servicio catalán, de ahí que el inadmisible actual, Montoro, le ha faltado tiempo para anunciar, dado que se ha dado el pistoletazo de salida de los próximos comicios electorales, que cede y perdona los intereses a las diecisiete fincas, incumplidoras con el déficit fiscal, beneficiando de manera ostensible, qué casualidad, a dos regiones: catalana y valenciana, a cambio de humo. Sin caer en la cuenta, no está el horno para bollos que, dada esta generosidad, les da pie para seguir dilapidando y continuar riéndose de los contribuyentes.
Unos legisladores que, durante casi cuatro décadas, han perdido el tiempo sesteando, a base de no saber o no querer desarrollar, mediante las leyes correspondientes, todos los artículos de la Carta Magna. A cambio, no han engañado haciendo leyes para sus conveniencias, para sus latrocinios, sin poner orden ni concierto cuando veían al vecino de butaca lo que hacía, sino imitándole, sí mirando hacia otro lado, haciendo creer a los contribuyentes que cumplían con el programa electoral. Han ganado lo suficiente para conseguir unos patrimonios propios de una clase social emergente. Actualmente, los partidos políticos de siempre, por higiene social, deberían buscar la sustitución de todas las figuras sospechosas.
Los quinientos mil políticos españoles tienen a su disposición veinte mil asesores, lo que muestra y demuestra que no están preparados para gobernar el reino de España y menos aún las diecisiete fincas, pues se manifiestan como algo zotes, o bien es un disimulo para practicar nepotracia, pese a que le cuestan al contribuyente español mil millones de euros al año.
Después de ampliar en dos millones el número de funcionarios sin oposición y designados libremente, léase, dedo, dedito o dedazo que, en vez de ser prescindibles, que lo son, cobran más y se retiran con indemnización, prescinden de funcionarios con  oposición porque los hacen sombra. Después de rebajar los salarios primeramente, pasa del quinquenio, y a continuación congelar. Después de  expoliar la paga extraordinaria Navidad 2012, conseguida en plena Dictadura hace setenta y un años. Después de recortar los derechos sociales conseguidos. Después de cargarse el Estado de Bienestar. Todo ello, debido a una extralimitación de funciones incontroladas y sin exposición justificada de motivos por parte de El Señor de los Recortes y de las Mentiras que, por mucho ánimo que aplique al recién inaugurado cuarto tramo de la Legislatura, ¿quién le va a creer?
Según el TS, los convenios laborales seguirán vigentes hasta la firma del nuevo, precisamente ahora que los convenios benefician a la empresa, dados los recortes, y no al trabajador, lo que quiere decir, en términos vulgares, que no se mejorará social ni económicamente en muchos años. Nos encontramos en la antesala de otra nueva Dictadura, eso sí, muy democrática. Con estos acuerdos es fácil recordar a los agentes sociales actuales como si, en su pronta catarsis, hubieran resucitado en su propio tejido los antiguos sindicatos verticales. 
La sociedad está viviendo una agonía política al intento de mantener una Legislatura ya agotada, donde ningún político se fía de nadie, donde todos están al mismo nivel de corrupción, hasta la coronilla. Hieden. Nueva clase pudiente: partidos y sindicatos. Todo puede corregirse con varias docenas de huevos.

Alfonso Campuzano
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domingo, 14 de diciembre de 2014

LA DESMEMORIA


Al hilo del ambiente que se respira desde hace varios años me ha venido a la memoria una conversación mantenida hace unas semanas con un colega, mientras tomábamos un café después de tanto tiempo sin saber uno del otro. Un feliz reencuentro tras reconocernos, que no es poco. Hablamos de casi todo hasta que salió a relucir la almoneda en que se encuentra nuestro país. Un país casi irreconocible, ya previsto por el primer gobierno socialista postconstitucional, y tomando como base épocas anteriores. Lo percibí muy cabreado, y se fue caldeando aún más. Disfrutaba oyéndole. No había perdido ritmo. Dominaba la oratoria. Y procuraba utilizar palabras adecuadas para no dar pie a ser interrumpido.
Se quejaba, y con mucha razón, del momento presente. Me recordaba su etapa de estudiante en lucha permanente por alcanzar una vida mejor. Se preguntaba de qué había servido a una determinada generación, la suya, que basándose en unos ideales asistían a asambleas, peleaban, padecían persecuciones, en su lento caminar hacia el bienestar de Europa, aunque terminando por convertirnos en lo que actualmente nos hemos quedado: en el malestar tercermundista, viviendo en un engaño, gracias a estos quinientos mil políticos nacidos de una generación espontánea.
Porque, ¿dónde está la juventud actual que no tiene ideales ni arrestos para luchar, viendo lo que ven, sintiendo lo que sienten, emigrando, porque no tienen trabajo, sólo corrupción, tras haber gastado el erario público los millones de euros en su formación académica? ¿Acaso nos están fumigando con alguna adormidera para que todos estén callados y sean tan sumisos? Qué decepcionado estoy con esta generación, me decía. Nada que ver con la mía.
Ciertos políticos desagradecidos e inconscientes que, quisieron conquistar la nobleza sin tener cuna, se olvidan que su status social se lo deben a los contribuyentes. A cambio, con su codicia biológica nos sacan hasta la médula; atrapan las llaves de las cajas, se llevan el dinero consiguiendo unos patrimonios de ensueño, porque los estamos dejando, ya que, sola y exclusivamente somos responsables de esta situación.
Ciertos jueces que, mofándose de la sociedad, interpretan la ley torticeramente, leen al revés las páginas del código, abandonando funciones para favorecer, exculpar y diluir la responsabilidad, para que todo prescriba a unos aforados impresentables, encontrados in fraganti con el delito a sus espaldas. Y por último, excarcelan a etarras con delitos de sangre sin haber cumplido ni siquiera la mitad de la condena.
Unos aforados despreciables caracterizados por su obsesiva obstrucción a la justicia, malversación, prevaricación continuada, desobediencia, abjuración, mientras muerden la mano que les da de comer, que no se merecen sueldo ni pensión, y sí una inhabilitación de por vida, incluso un destierro, ante la instauración de una desobediencia interinstitucional. Entre fiscales anda el juego: unos se culpan a otros.
Sin olvidar que en esta plena partitocracia surge un rajoyazo, cuyo portador es El Señor de los Recortes y de las Mentiras, que reduce derechos adquiridos y consolidados a través del tiempo, y con gran esfuerzo; suprime la paga extraordinaria instaurada en aquel año dictatorial de 1941; anula tres de los seis días de libre disposición, ya existentes y disfrutados la mitad en Semana Santa y la otra mitad en Navidad, cambiando de nombre y disfrute a lo largo del año, a cambio de dinero y de perder cinco días de sueldo anual, pues para  un funcionario el año tiene 360 días. Camino va de reducir las libertades individuales. Algo incomprensible para una mente medianamente inteligente al divisar en el horizonte un retroceso en el intento de evolucionar hacia una democracia aún distante.
Dos presidentes pusilánimes: José Luis Rodríguez Zapatero, ZP, y Mariano Rajoy Brey, que retrasan y bloquean conscientemente el cambio de la Constitución cuando, una vez puestos los cimientos y hecha la distribución, lo que necesita es rehabilitarla y adaptarla para hacerla empática, igual que cualquier edificio o domicilio.

Alfonso Campuzano

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jueves, 4 de diciembre de 2014

LA IMPOSTURA


Es habitual oír en nuestra partitocracia, que no democracia, que los representantes elegidos no tienen responsabilidad alguna sobre lo que manejan ya que, sin ningún rubor,  la trasladan a los contribuyentes, lo cual es una falacia enarbolar esta bandera de irresponsabilidad, cuando no se respetan las mínimas normas de seriedad que exige tal compromiso, cuando lo que se dice no se hace. Si por lo menos se votaran listas abiertas es posible que se asumiera a la vez que se controlara, algo que no se puede hacer actualmente.

Europa está muy atenta, siempre lo estuvo, tanto que vigila qué pasa y qué va a pasar, con la generalizada corrupción política española, que rebasa todo lo comprensible para la inteligencia humana. Los europeos pueden expulsar a España de la Unión Europea, si el Gobierno continúa engañando, porque hay propuestas económicas que, cuando se leen, aparte de situarse lejos de la realidad cotidiana, parece como si los economistas estuvieran jugando al Monopoly, lo cual denota poca sensatez.

Un programa electoral que propone fórmulas políticas trasnochadas o no, sin que antes se cambien las leyes, es un como un espejismo en pleno desierto. Sin datos oficiales sobre economía, el yo haré, yo haría, ha sido desde siempre, y por excelencia, la canción política que, para los tiempos que corren, ya no sirve, pues es el distintivo del profano. Después de tantos años de fraudes, la sociedad española necesita ser seducida, sin olvidar que los que lo consigan es posible que vuelvan a embaucarla con un discurso nuevo.

A El Señor de los Recortes y de las Mentiras del partido gobernante hay que mirarle fijamente a los ojos, respirar profundamente, contar hasta diez, y creerle lo justo. Tiene que asumir de una vez por todas que no tiene más remedio que utilizar firmemente la guadaña para cortar la hierba corrompida bajo los pies y dejar de almacenarla bajo las alfombras. Una pena que no haya sido previsor. A estas alturas, teniendo lo que tiene en su partido, sin olvidar a los otros, es intolerable que levante el estandarte de adalid. Pensaba que tenía un muro de contención y lo que tiene es un muro de espuma. Nadie se fía de sus formulismos, huecos hasta decir basta, por no haber cumplido el programa electoral que defendía en la oposición, lo que exige un período de penitencia, incluso una travesía por el vacío sideral. Si emprende esta acción es posible que los demás le sigan, incluidos los sindicatos, que no se quedan muy atrás.

Los políticos, en general, se embarcan en proyectos faraónicos sin estudiar sus consecuencias, sin siquiera lograr un mínimo de empatía con sus votantes que, al fin y al cabo, son contribuyentes a los que exigen sacrificios sin venir a cuento. Unos políticos que pasaron por Barrio Sésamo sin que Barrio Sésamo pasara por ellos, de ahí su pésima interpretación, llegando hasta la distorsión de la realidad circundante. Hasta ahora nadie puede presumir de haber hecho más de lo posible por regenerar lo degenerado. Tanto que, quien lo presuma, puede ser considerado como fatuo.

Se cree que lo que se está viviendo en la región catalana es un sueño del que necesita que alguien le despierte si no ha puesto el despertador. Se ha visto que no le gusta ser responsable de nada más que de recortar y de mentir. No le gusta medirse con los suyos. No le gusta remangarse para limpiar la suciedad sino que se lo encarga a otros. Véase el requerimiento al TC cuando la responsabilidad de un gobierno central es gobernar, aplicando el estilo a las diecisiete fincas.

Tiene trescientos días para decretar unas leyes regeneradoras en las que desaparezca la dictadura de partidos; una reforma de la ley electoral en la que prevalezcan las listas abiertas para todos y cada uno de los cargos políticos, con elecciones primarias, sin avales, en las que participen militantes y simpatizantes; una inhabilitación política casi generalizada, justa y necesaria; además de elegir directamente al presidente del gobierno, y con posible segunda vuelta, y no uno elegido por un partido político, como hasta ahora; además de redactar frases que en la Constitución han sido superadas por el paso del tiempo.

Trescientos días de trabajo, que ya están suficientemente cobrados. No todos los partidos pueden disponer de una segunda etapa venida a tiempo para corregir desmanes. Si El Señor de los Recortes y de las Mentiras no sabe, no contesta, el camino de la dimisión lo tiene expedito. Desde que se inauguró aquel famoso: Váyase señor Fulano no ha dejado de prodigarse a todos los demás y éste último no iba a ser menos. Así que, cuanto antes, mejor. No vaya a ser que se ponga en plan sastre y diga que se necesitan más recortes. Después, si quiere dimitir, con la cabeza muy alta, puede hacerlo según su antojo, pero sin dejar pufos.

Alfonso Campuzano

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