lunes, 28 de diciembre de 2015

ANTE LA NUEVA OROGRAFÍA


La orografía terrestre actual, conocida y reconocida, tan aparentemente inamovible, no ha sido ni será - Alfonso Campuzano


Después de quince días de comunicaciones, ponencias, debates, las conclusiones de La Cumbre del Clima, se han reducido a lo que ya se intuía, es decir, una falta total y absoluta de compromisos concretos y a una ausencia, también total, de algo tan elemental como es un camino a seguir, de manera que, ante la opinión pública, se ha conseguido lavar sólo la cara a ciertos países reticentes, a la vez que han quedado aparentemente muy bien, y que es realmente lo que parecía ser que se pretendía.
Si el cambio climático actual, y atípico, se basa en que unas tierras, cuyos nombres se conocen, se sumerjan, no se debe olvidar que otras de nombres desconocidos emergerán, como consecuencia de un equilibro planetario, y no porque haya aumentado el volumen de gases emitidos por la industria, los humanos y los animales.
Parece como que el Archipiélago Micronesia con las Islas Caroline, Islas Kiribati, Islas Mariana, Islas Marshall, sumado a las Islas Salomón, Islas Tuvalu, Islas Vanuatu, se encuentran en la fase inicial de su hundimiento. Lo mismo ocurre con ciudades norteamericanas como Miami, New Orleans, New York, Norfolk; y sudamericanas como Buenos Aires, Montevideo, Rio de Janeiro. Lo que no se ha determinado ni especificado aún es cuándo dio comienzo a este proceso que tiene visos de ser irreversible, que continuará hasta que sean posiblemente irreconocibles, tal y como hoy día se conocen y reconocen incluso, todo hay que decirlo, desaparezcan en beneficio de otras regiones desconocidas, que están tratando de emerger. Porque la orografía actual de este planeta no ha sido siempre como se ve, como la conocemos por estudios y fotografías, para ello hay que convencerse, si se entiende, que en esta época toca lo que toca, sino que ha ido variando, en apariencia insensible, a través de los milenios.
De lo que no cabe la menor duda es que, en una época ya lejanísima, también las regiones más altas del globo terráqueo, sin ir más lejos, y como ejemplo evidente, tanto la cordillera del Himalaya como la cordillera de los Andes, estuvieron sumergidas. Y es que tanto los terremotos como los meteoros, además de cambiar la superficie del planeta, también hacen variar el clima. Nadie se atreve a plantear que el planeta Tierra, con gases y sin gases, va a evolucionar hacia donde tenga que hacerlo. Las selvas y los desiertos, las montañas y los valles, no tienen por qué tener una configuración eterna. Si ante todo proceso natural, por desconocimiento, hay que ser escéptico, más aún ante recetas artificiales.

En la antigüedad las tribus, indígenas o no, cambiaban de lugar de asentamiento cuando las condiciones de vida no eran favorables para su desarrollo, como recursos, clima, mientras que ahora, aprovechando las facilidades ofrecidas por los medios de comunicación, surge la queja solidaria, incluso la tolerancia solidaria ante la intolerancia, se aprovechan las circunstancias, se responsabiliza a terceros.
Quien parece que lo tiene claro es Hitoma Sefiama, cacique del pueblo amazónico huitoto, cuando dice: Contra la Madre Tierra no se puede hacer nada. El mundo gira y no retrocede. Palabras sabias que merecen una reflexión, incluso una meditación.

Alfonso Campuzano
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lunes, 21 de diciembre de 2015

MODELOS DE CALENTAMIENTO GLOBAL


El cambio climático atípico hacia el calentamiento no es global, sino territorial/regional/zonal, pues cada demarcación tiene su microclima particular - Alfonso Campuzano


Actualmente no existe ni ha existido nunca en el computo total, pese a la tecnología avanzada, una homogeneidad consecutiva de temperatura anual elevada. El que la temperatura de la superficie de la Tierra haya aumentado algún grado desde la era preindustrial, hace ya 135 años, no significa más que lo que representa porque, en su evolución, no ha habido uniformidad. Todo, absolutamente todo, depende del factor variable, tan necesario como para entender la propia vida, que tanto afecta a las estadísticas, que tanto se desea que desaparezca, pero que acompaña de manera continua.
El ego ecologista, anualmente ampliado, está presente en cada mesa de negociación a favor de la disminución de la temperatura terrestre. Sin embargo, se olvidan que el cambio climático atípico que se vive actualmente no es global, no puede ser global, a lo sumo territorial/regional/zonal, y poco más, como siempre ha sido desde el principio de los tiempos, pues cada demarcación, ha tenido, y seguirá teniendo, su microclima particular.
Teniendo presente que si realmente los modelos de estudio sobre este calentamiento fueran tan evidentes ninguna nación, de las casi doscientas que se han reunido recientemente para buscar soluciones, sería reticente a la hora de firmar un documento de intenciones, máxime cuando la falta de compromisos concretos puede significar el desconocimiento, tanto de las causas como del futuro del problema planteado.
Los catastrofistas gustan de representar escenarios fantásticos, pesimistas y desequilibrados, como si el planeta Tierra no lo fuera en ciertas regiones y, sobre todo, como si fuera discapacitado. Si las estaciones están cambiando, que es un hecho, no desde ahora ni desde hace años, sino desde la noche de los tiempos, al estar viviendo en un planeta cuyo comportamiento, aunque no se entienda, es porque actúa como un ser vivo en desarrollo.
Ya la época de la recién nacida industria automovilística, ante el parámetro velocidad, se decía que podía afectar al organismo humano que viajara dentro del vehículo. Actualmente le ha tocado el turno al parámetro temperatura terrestre con lo que se asemeja el mismo nivel de tonterías, más que nada por desconocimiento. Pero la mayoría de las personas normales están más preocupadas de disponer diariamente de recursos básicos alimenticios que del clima atípico, sobre todo si no llega a final de mes.
No por reiterar parece suficiente insistir, casi diariamente, en hablar, y hablar, del retroceso de hielo en el océano glaciar Ártico en unas tres cuartas partes, mientras se desiste, y se resiste, en hablar del aumento en la misma proporción de superficie helada en el océano glaciar Antártico.
La intención de lavar el cerebro se intuye al observar cómo se pretende generar miedo a base de integrar entre sus huestes a científicos y políticos a los que se les ve el plumero de sus intereses, tal que, por poner un ejemplo reciente, según el meteorólogo Philippe Verdier, el Gobierno francés, días antes de comenzar las sesiones de La Cumbre del Clima, recibió a todos los periodistas que cubren el tiempo para decirles cómo deberían vender ante los espectadores que la cuestión del clima es grave. Se entiende que dimitió, claro.

Alfonso Campuzano
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