martes, 28 de abril de 2015

INFRAESTRUCTURA SANITARIA


Quizá fuera a principios de los años 60, precisamente con la llegada al Gobierno de los primeros ministros tecnócratas, cuando la Sanidad española se fundamentaba en lo primario, es decir, el Médico de Cabecera, que tenía habilitado un despacho en un centro abierto llamado Consultorio donde el enfermo/paciente iba a consultar o a ser visitado, pues disponía de muy pocos médicos especialistas.
Fue en aquella época cuando el Directorio Militar decidió invertir en infraestructura sanitaria dando la orden de que comenzaran a construirse centros hospitalarios que se denominaron Residencias Sanitarias, aunque algunas, muy pocas, Ciudades Sanitarias, para no confundirlo con otros ya existentes, desde siempre, los llamados Hospitales de Beneficencia a cargo de las Diputaciones Municipales, y cercanos a las Facultades de Medicina, que dieron lugar, con el devenir de los tiempos, en algunas ciudades, a los nominados Hospitales Clínicos, hasta que pasada una veintena de años se integraron en la Red Sanitaria de la Seguridad Social.
A principios de los años setenta, con la aparición nuevas promociones de médicos especialistas, el Estado se planteó la necesidad de añadir la construcción de otros centros sanitarios, en régimen abierto, a los que se designó Ambulatorios, es decir, un consultorio mixto, donde compartían despachos, aunque no su saber, según días y horas, los que ya no se llamaban Médicos de Cabecera, sino Médicos Generales, con los Médicos Especialistas.
Adentrados en los años ochenta, los vientos terminológicos que pululaban en el ambiente político consistían que se sustituyera cualquier palabra, teóricamente trasnochada, en una cascada, y aún continúa, no se sabe si porque parecía que se decía más o porque interesaba estar más tiempo hablando; así que el llamado Consultorio pasó a designarse: Centro de Salud, más rimbombante, como si el enfermo/paciente, convertido en usuario/cliente, fuera al encuentro de la salud no disfrutada.
Hasta aquella etapa sanitaria los edificios en los que se localizaban los consultorios y ambulatorios se clausuraban los sábados para poder desinfectar/desinsectar, detalle que, con el paso del tiempo, aprovechando el horario al máximo, siempre en perjuicio de la sociedad, ha dejado de hacerse, comentario entre personas que conocieron aquel tipo de mantenimiento, no mejor que ésta, pero sí con las ideas mucho más claras sobre higiene. Estas edificaciones, incluso las instituciones cerradas u hospitales, en su mayor número, a nadie debería extrañar que favorecieran la infección, algo perjudicial, ya que huelen a cualquier cosa, como comida, cocidillo, fritanga, etc. cuando deberían despedir olor a desinfectante: yodo, alcohol, algo característico cuando, por circunstancias de formación profesional continuada, se visitan allende nuestras fronteras.
Ya entrados los años noventa, los Médicos de Cabecera/Médicos Generales pasaron a nombrarse Médicos de Atención Primaria, mientras que los Centros de Salud se titularon Centros de Atención Primaria. A su vez, el Ambulatorio dejó de llamarse tal y comenzó a nominarse Centro de Especialidades, sin que los médicos de primaria se rozaran ya con los especialistas, como antaño, algo que va en detrimento y perjuicio del ejercicio profesional al haber menos comunicación. Con la evolución se ve que el léxico, en vez de simplificar, se complica, pues una sola palabra ha pasado a componer una frase de tres o cuatro, significando lo mismo. Y esto en tan sólo cuarenta años.

Alfonso Campuzano

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miércoles, 22 de abril de 2015

INJUSTICIA DE GÉNERO


Un concurso-oposición a la Administración, en sus diferentes parcelas, ha sido considerado, hasta hace pocos años, como una prueba que contaba con una cierta seriedad; una prueba en la que se hacían constar, tras haber programado y sacado a la luz unas bases, todo lo referente, tanto al conocimiento como a los méritos propios; unos méritos, eso sí, variables en la publicación de dichas bases, y según qué convocatoria, bajo los auspicios de unos intereses creados, a fin de facilitar el ascenso a quien fuera más querido.
Sin embargo, parece que la seriedad administrativa, quizá sería mejor indicar la de las personas que gestionan la Administración central o, como en este caso, periférica, han optado por desterrar del diccionario la seriedad, sobre todo, cuando de buenas a primeras, ha aparecido una mente teóricamente pensante, disfrazada de materia gris, que ha anunciado a bombo y platillo la decisión de completar los requisitos de la siguiente convocatoria, para cubrir plazas vacantes en diferentes especialidades médico-quirúrgicas de la Sanidad Andaluza, con lo que ha llamado discriminación positiva al decidir, casi legalmente que, ante un teórico empate final, las mujeres ganarán la oposición por goleada.
Tiene que haber mucho mar de fondo para que en la región andaluza se hay programado tamaño dislate, ante el que no cabe justificación alguna, salvo que la argumentación alegada es que, con esta discriminación positiva/género femenino se pretende equilibrar la presencia de ambos sexos en las especialidades médico-quirúrgicas, en detrimento de la discriminación negativa/género masculino).
Y, para colmo, destaca en esta injusticia de género, se ha dado la circunstancia que, en la reunión de la mesa sectorial de Sanidad, todos los sindicatos se han inhibido, no se han opuesto a esta publicación, sino que ha sido aprobada con su consentimiento, tácito o no, hacia quienes les han dado, o dan, de comer.
No parece ser que esta medida sea ecuánime, es más, no debería consentirse, ya que existen suficientes métodos académicos para dilucidar, tras un empate, quién está más facultado para ejercer la especialidad médico-quirúrgica en una plaza de la administración pública de un hospital andaluz, siempre en beneficio de la sociedad y no por circunstancias aleatorias, vía sexo/género; algo que, sobre el tapete, si se apura mucho, ni siquiera puede considerarse constitucional. Lo suyo sería, conseguir un desempate, y ¿cómo? Pues muy sencillo, la propuesta continúa siendo académica: debería celebrarse un nuevo examen.
Y quien se presente, avisado está, ya sabe a qué atenerse.
Conviene recordar, por último, que en esta vida, en cualquier profesión u oficio, en igualdad de títulos, más o menos académicos, nunca se da el caso de dos personas exactamente iguales en el conocimiento, pues la Naturaleza, con sus leyes, ya se encarga de recordarlo día a día. Cada uno/a es único/a e irrepetible.

Alfonso Campuzano

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lunes, 13 de abril de 2015

CALENTOLOGÍA




Desde el mismísimo período interglaciar que nos encontramos se puede decir que el cambio climático ha existido desde siempre y nunca ha afectado, ni afectará, por igual a todos los rincones de esta Tierra - Alfonso Campuzano


El cambio climático no es algo inédito, sino que es, como mucho, atípico y ha existido desde siempre, aunque no se haya constatado tal y como ahora, cada día, lo exponen expertos, de manera machacante, gracias al disfrute de una tecnología llamada punta, cada vez que se oye el sonido de campana de la moda.
Es verdad que la responsabilidad dice que hay que cuidar continuamente a este planeta, no tenemos otro, pero sin llegar a plantear la figura obsesiva como se pretende. Lo que tenga que venir vendrá, a pesar de los pesares, pero traer por traer algo sobre lo que no sabe el alcance que tendrá en el futuro, es como jugar a la lotería. Estamos, quieran o no reconocer los versados en esta materia, en un período interglaciar más o menos mini.
La superficie de la Tierra nunca ha sido tal y como hoy se conoce sino que, gracias a sucesivos cambios climáticos habidos desde el principio de los tiempos, se ha ido transformado hasta alcanzar la configuración actual, de tal manera que ciertos territorios han emergido a la vez que otros se han ido sumergiendo, no siempre de manera sistemática ni simétrica, ni siquiera uniforme, como tampoco ocurre con el clima, sino que, desde el punto de vista humano, es como si se siguiera una especie de ley anárquica, lo que no es cierto, sino que gracias a leyes naturales desconocidas aparecen y desaparecen ríos, mares, valles, lagos, montañas, desiertos, etcétera, lo que no debiera resultar extraño.
Todo aquello que se dice insistentemente que se está deshelando se volverá a helar, pese a que algunos teóricos no lo vean así. Por supuesto que a todos los rincones de la Tierra no les afecta ni les afectará por igual, a unos más y a otros menos. Y, sin negar su evidencia, las glaciaciones globales, que se sepa, han durado más años que los calentamientos globales. Las primeras han dejado constancia y no han avisado, mientras que las segundas, pese a haber avisado, han sido comparablemente más efímeras.
El famoso aumento continuo del nivel del mar, en centímetros, como dicen, a causa del deshielo de las regiones polares ártica y antártica, bien pudiera ocurrir en ciertos territorios, ¿por qué no?, mientras que en otros está ocurriendo lo contrario. Sin embargo, parece como que los índices de medición deben ser algo esotéricos, porque en los últimos sesenta años, recorriendo playas de diferentes puntos del planeta, no se observa que hayan desaparecido, sino que las orillas de antaño han dejado sus marcas tierra adentro como si el mar se hubiera retirado: todo lo contrario de lo que se nos quiere hacer creer.

Alfonso Campuzano

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