lunes, 25 de mayo de 2015

EN GALERAS



Es conveniente refrescar la memoria de algunas personas recordando cómo todos los políticos que, durante estas últimas cuatro décadas, han saboreado las mieles del poder durante una veintena de años, se quejaban de que el anterior jefe de Estado preconstitucional estuvo gobernando durante cuarenta años, cuando ellos han querido hacer lo mismo con el agravante de la mentira partitocrática de unas elecciones aparentemente democráticas sin listas abiertas. Ninguno de ellos ha tenido la vergüenza de dimitir para dejar paso a generaciones con aires renovados. Países más desarrollados que el nuestro, hace tiempo han superado, con una ley electoral adecuada, la limitación de los mandatos de poder a ocho años. Nuestra clase política aún no ha superado el aldeanismo, mientras ha ejercido, y sigue ejerciendo, secundando la voz popular de quítate tú, que me pongo yo y cuanto más tiempo, mejor.
Los goznes crujen cada vez que el político de turno, desde tiempo inmemorial, en su infame mandato, se expresa anunciando a bombo y platillo en todas y cada una de las comparaciones posibles que: en Europa, por tal o cual producto, se paga más que en España, por eso vamos a igualarnos encareciéndolo, olvidándose convenientemente de que los sueldos españoles siempre han sido, y son, inferiores a los europeos por el mismo tipo de trabajo, lo que genera un agravio comparativo, incluso antes de entrar en la famosa economía del euro que, con la crisis, nos ha pillado con el paso cambiado, haciendo que el país se empobrezca y, sin haber conseguido elevar los salarios a un nivel superior, los han rebajado hasta conseguir que seamos ciudadanos de segunda, incluso de tercera, que ya lo éramos. Precios europeos pagados con jornales españoles.
Es una barbaridad estar costeando a tanto representante español, elegido partitocráticamente, cuando debería estar trabajando en una empresa para sacar a este país de la ruina. Sin embargo, no lo hace y cobra muy buen sueldo, muy buenas dietas, más de mil y una prebendas, olvidándose fácilmente de sus electores, de las promesas, dedicándose, en los diecisiete parlamentos autonómicos, en el congreso de los diputados, en el senado, en el europarlamento, a sestear, a crucigramear, a sudokear, a tabletear, a juguetear, a cadycrushear, a inasistir sin poder exigir una justificación como a cualquier trabajador, sacar leyes contrapuestas que a nadie, o a muy pocos, poquísimos, les va a servir, a la vez que sangran al Estado con sus incorregibles trámites, a la vez que más bien parecen un concierto de grillos legislando cual torre de Babel, por no haberse dado cuenta de que el Estado Autonómico no estaba más que en su pensamiento para amasar más poder.
La mala administración debe tener presente, en el día a día que, para empezar, el ciudadano no tiene culpa ni responsabilidad alguna de los resultados de su derroche, con los que se ha encontrado sin comerlo ni beberlo. Al reino de España le sobra más de la mitad de los políticos.

Los que ahora cargan con el mochuelo no son precisamente los que han especulado, hundido la bolsa, quebrado la banca, desplomado los mercados, construido aeropuertos sin aviones, estragado la Educación y la Sanidad, sino los remeros de las galeras.

Alfonso Campuzano

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lunes, 18 de mayo de 2015

RIESGO PATOLÓGICO


El Seguro Obligatorio de Enfermedad (S.O.E.), mediante el Decreto 30 de mayo de 1974, preconstitucional, financia y perfecciona la acción protectora de la asistencia sanitaria, reestructurando y cristalizando, el actual sistema del Régimen General de la Seguridad Social, asumiendo mayor numero de patologías dentro de su cuadro de prestaciones económicas por incapacidad laboral transitoria, invalidez, jubilación, desempleo y, al mismo tiempo, se constituye en un sistema que se hace progresivo al incluir mayor numero de personas y colectivos dentro de su esquema de seguro sanitario.
Hasta ahora, porque desde hace tres años largos no es así, el Estado español garantizaba la progresiva elevación del nivel de vida en los órdenes sanitario, educativo, económico y cultural. Ha tenido que venir una crisis casi mundial, durante el septenio negro, seguido de un largo trienio frenopático, para ver mermados los derechos de todos los ciudadanos españoles conseguidos durante los cuarenta años preconstitucionales. Para algunos incrédulos, pueden hojearse los B.O.E. de aquellos años.
Nunca se debió permitir, por golosa, la transferencia de Sanidad a la vista de lo que nos ha traído la incapacidad política, imaginándose que sus votantes les apoyarían en sus mal digeridas gestiones, totalmente desnortadas, que no se pueden denunciar porque ni siquiera disponen de un despacho en el que admitir sugerencias que puedan ser llevadas a los plenos parlamentarios. A las llamadas Autonomías les falta el nexo de subordinación al gobierno central, algo indispensable, algo que se olvidó en el tintero y que corre prisa arreglarlo: hay que reordenar urgente y preferentemente todo el territorio español. 
Con la cantidad de recortes impuestos en Sanidad y Educación, el gobierno español, sacando pecho, ¿puede aceptar la proporción de inmigrantes que le dicte Bruselas que, en este caso, puede llegar al 9%?
La ola inmigratoria se padece cuando no se regula bien la Ley que se promulga. La inmigración actual, no contenida, ante sospechas fundadas, como las doscientas mil personas, un volumen posiblemente inasumible de golpe, para toda infraestructura sanitaria, y en perjuicio del bienestar adquirido con tanto esfuerzo, con la probabilidad de que, si se asume por los gobiernos europeos, cometerá el error de exponer a la población autóctona a un gravísimo riesgo de derrumbe, retrocediendo decenas de años, por no haber puesto en marcha cuarentenas necesarias, gracias a brotes de enfermedades infectocontagiosas, desconocidas o desaparecidas en la clínica diaria que, al volver a florecer, se hacen responsables ante nuestros nietos del desplome de una sanidad primermundista, hasta convertirla en tercermundista.
Y nadie debe olvidar que cada continente, cada raza de la especie humana, tiene su idiosincrasia, tiene sus patologías a las que cualquiera, con defensas adecuadas se puede acercar y convivir, pero que, en condiciones inadecuadas, estas patologías, en caldos de cultivo adecuados, pueden llegar a extinguir a los más allegados.
Para colmo, una de las variantes que nos ha brindado el último septenio negro, y continúa con el largo trienio frenopático, es que no se sabe con exactitud el control que se hace en la expedición de fármacos gratuitos a la población inmigrante cuyas recetas, como poco, en ciertas comunidades autónomas, disponen de cinco modalidades, según edad y recursos.

Alfonso Campuzano

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