lunes, 26 de octubre de 2015

QUIRÓFANOS vs CIRUJANOS


Ciertos hospitales españoles externalizan la lista de espera porque contratan más cirujanos que quirófanos tienen - Alfonso Campuzano


Fue a finales de los años ochenta cuando los hospitales clínicos, y algunos más, se unificaron dentro de la recién estrenada red sanitaria de la Seguridad Social, sin que en ellos hubiera una diferenciación evidente entre la práctica médica y la quirúrgica, esto último arrastrado inconscientemente por falta de previsión, cuyo defecto posiblemente en muchos años no va a tener solución.
Antes de aquella época de pretransferencia sanitaria, los hospitales, sin reconocerlo, disponían de muchos más cirujanos que quirófanos, lo mismo que anestesistas, sin que nadie pulsara el sonido de alarma más que solucionándolo a medias con el planteamiento de poner en marcha la fórmula, nada original, aunque ideal para la administración, de externalizar las especialidades, sobre todo quirúrgicas, es decir, enviar a los pacientes, como si fueran un paquete, a otros centros concertados que asumieran la responsabilidad de hacer lo que el hospital de referencia no era capaz.
Con la ampliación de esta red el problema quirúrgico no sólo aumentó sino que se multiplicó exponencialmente porque los quirófanos continuaban siendo insuficientes ante una población creciente, mientras que el número de cirujanos especialistas no dejaba de aumentar cada año ofertando plazas hospitalarias, vía MIR, como si hubiera un quirófano para cada uno.
Cuando se hace publicidad institucional, aunque sea sin excesos, debiera ser real, contrastada y evidentemente proporcional al ofrecimiento de la cartera de servicios, lo que no quiere decir que esto sea lo habitual.
La palabra MIR empleada en España, suena muy bien, pero no significa lo mismo que en EEUU, de donde se importó por los especialistas españoles que allí se formaron, pues ellos eran internos y residían en el propio hospital, que los contrataba y pagaba, mientras durara su formación, algo diferente a lo que ocurre en España donde cada uno vive en su casa o en la de sus padres, y paga el contribuyente.
¿De qué sirve gastar dinero del erario público en la formación de un especialista quirúrgico si no va a tener, mínimo, un quirófano semanal en el que emplee toda la jornada laboral, independientemente de sus guardias localizadas o de presencia física?
La Administración sanitaria lo sabe, pero no puede, no quiere solucionar lo que se está enquistando, de ahí que sea mucho más fácil externalizar, como primer paso y después privatizar, para rematar, dado que la ocupación horaria media de quirófanos nunca sobrepasa el 70%.
Una excusa, hay muchas, es por si acaso hay una catástrofe –es una respuesta real-. Estamos hablando, no de intervenciones quirúrgicas urgentes, sino únicamente de programadas, por lo que el paciente, en ocasiones, decide retrasarlo, muy humano, corre la lista de espera, y a la Administración le viene de perlas.
Otra excusa, la de todos los años, son las vacaciones estivales, cuando se puede escoger a lo largo del año, y así se hace, no tiene ningún valor, otra cosa es que se siga utilizando de pantalla.
Una más, el convencimiento de la bonanza abstencionista por parte de algún miembro del equipo quirúrgico-anestesista cuando una intervención va a alargarse en el tiempo más de la hora teórica de final de jornada, de ahí que fracasen, cada año, los pactos firmados para reducir la lista de espera quirúrgica.
Aunque sea políticamente incorrecto, ¿quién convence a la Administración que si no sobran cirujanos hacen falta quirófanos?
Y, para remate, en esta profesión de la salud, inconcebible para la sociedad, menos para quienes lo sufren, también se da el bullying más de lo que se piensa y donde un especialista puede pasar su vida profesional de mariachi sin que se dé cuenta.

Alfonso Campuzano
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lunes, 19 de octubre de 2015

OSCILACION DEL SUR vs FENÓMENO DE EL NIÑO




Es injusto responsabilizar a la especie humana del calentamiento/enfriamiento global cíclico de un planeta cuya estructura cósmica le proporciona vida propia - Alfonso Campuzano

El planeta Tierra, teniendo su propio ritmo de existencia a base de leyes propias no escritas, como estructura cósmica que alberga diferentes tipos de vida, se defiende sin importarle las especies de todos los reinos que habitan, tanto sobre su corteza como en su interior, incluidos los humanos.
Todo cambio, ya sea local, regional, global, hace que se desplacen y se reubiquen todas las especies, de manera que están obligadas a aclimatarse, a cambiar sus costumbres, a fomentar nuevas habilidades para poder evolucionar o, en caso contrario, si no lo consiguen, encaminarse hacia su total extinción, siendo sustituidas irremediablemente por otras.
Cuando se habla de cambio climático, aparte de no emplear el adjetivo atípico, por aquello que se desconoce, y que puede llegar a ser típico, se enumeran varias causas como son la emisión desmesurada de anhídrido carbónico y de metano; la sobreutilización de productos transgénicos; la desaparición de especies en peligro de extinción; el agujero de la capa de ozono que, tal y como se destruye, se regenera, como se ha podido demostrar con fotografías tomadas en diferentes épocas, ya que crece en agosto y aleatoriamente decrece en diciembre, sin existir explicación posible, por ahora, pese a las teorías expuestas por los autárquicos ecologistas. Algo tan natural como la propia vida.
Pero, por lo que sea, se obvia hablar con la misma insistencia del llamado fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur o E.N.O.S. (El Niño-Southern Oscillation o E.N.S.O.), cuando posiblemente todo, o casi todo, dependa de él, provocando un calentamiento anómalo, tanto acuático como atmosférico de la zona ecuatorial oriental del océano Pacífico, discontinuo, de magnitud inestable y mantenido entre cuatro y diez meses, que consigue modificar las pautas tradicionales del clima.
Convendría preguntarse si este fenómeno de la Oscilación del Sur afecta al cambio climático o a la inversa. O bien, ¿quién dirige realmente el clima en el planeta Tierra: la atmósfera o el océano? Sin embargo, es fácil hacer creer a todo el mundo, después de insistir tanto tiempo, que este fenómeno se debe al cambio climático, cuando lo más probable es que sea el océano el que envíe órdenes a la atmósfera.
Todo esto sin hacernos olvidar que, desde 1957, aunque en menor proporción, la basura/chatarra espacial que flota alrededor de la Tierra, cuya zona más contaminada es la que está situada a unos seiscientos kilómetros de altura, también cuenta lo suyo al haberse contabilizado -suma y sigue- diecisiete mil fragmentos, equivalentes a veintiséis toneladas métricas, de diferentes tamaños: desde unos milímetros hasta varios metros como el satélite Envisat, que pesa de alrededor de ocho toneladas métricas que, en su mayor parte, se esfumarían si entraran en contacto con la atmósfera terrestre.
Diariamente este cocktail de parámetros se aprovecha como arma climatológica para amedrentar a quién tanto se deja sin que exista un desvío a favor de calentolólogos o contra de enfriólogos/glacialólogos, por así decirlo.
Y es que con frecuencia se desconoce que la Naturaleza va a su aire, y que el calentamiento/enfriamiento del planeta depende, por qué no, de causas naturales sin  que las especies terrícolas influyan tanto en el clima como dicen ciertos pronosticadores interesados, pues catastrofismos climáticos han existido siempre.

Alfonso Campuzano
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lunes, 12 de octubre de 2015

EXHIBICIONISMO DE LA BONDAD

La fijación, casi enfermiza, existente con la tauromaquia denominada exhibicionismo de la bondad, es debida al buenismo de lo políticamente correcto - Alfonso Campuzano    



Toda polémica se acrecienta gracias a la publicidad mediática. Lo fácil, y abordable, es criticar todo lo relacionado con la tauromaquia olvidándose de casi el resto de los animales, pues diariamente, cerca de dos millones de estos, son enviados a los mataderos oficiales, y en condiciones deplorables.
Parece ser que lo que más destaca, y vende, dentro de las innumerables formas de maltrato animal, es la fijación, casi enfermiza, de la parte de un todo, cuando se trata de la tauromaquia, es decir, la corrida de toros, cuando se silencia el secuestro, incluso abandono, en época de vacaciones, de ciertas mascotas, o animales de compañía, conseguidos como producto de un talante antojadizo, despilfarrador, irreflexivo, que ocasionan un grave deterioro al ecosistema, sobre todo si son raras e invasoras.
Hay una diferencia sustancial entre todas las especies terráqueas como que el humanismo está por encima del animalismo, pese a que algunos crean lo contrario. La falta de respeto, acompañada de violencia, ya sea verbal o física, de los amantes de cuatro patas, debiera traducirse en más tolerancia. Pese a no tener un amparo propicio, estos organismos radicales, tanto agresivos como provocadores, derrochan intensidad y técnicas en entidades que necesitan ser más habilidosos para terminar con la utilidad animal en la nutrición o en los experimentos como cuando se ofrecen a pactar recompensas por modificar proyectos de mataderos, incluso con establecimientos, consintiendo que el negocio se mantenga inalterado, aparte de patrocinar calificaciones como carne feliz, carne humanitaria y omnívoros conscientes.
Destacan fundamentalmente varias organizaciones europeas, que amparan el comportamiento ejercido sobre los animales llamados nohumanos, con sede en Holanda, agrupadas en el llamado Anti-Stierenvechten Comité (Comité Antitaurino Internacional), desde donde subvencionan, tanto las iniciativas como las actividades, incluyendo viajes y pagando multas de hasta treinta mil euros, cuya finalidad es la injerencia en la cultura española, en el más stricto sensu de la palabra, a fin de eliminar la libertad de decidir, instaurar una dictadura que prohíba la tauromaquia.
Según el psiquiatra Dr. Verrecken los militantes animalistas, forman parte de una variante clínica que denomina exhibicionismo de la bondad, organizada dentro del actual organigrama del poder político europeo, llegando a la obcecación de que los animales son personas. ¿Tanto ha evolucionado la psiquiatría que, lo que antaño se conceptuaba como enfermedad, debido al buenismo político de lo políticamente incorrecto, hogaño ha dejado de serlo con aplausos regados de incultura?
Buscan regular el llamado bienestar animal pretendiendo redactar un programa a base de unas normas drásticas que, cuando menos, deben suponerse imaginables, dada su empatía cerebral, casi neuronal, con la especie animal en cuestión, pero no a costa y por encima de la persona. Está bien, muy bien, proteger y garantizar la comodidad de los animales siempre que no se desatienda la protección y los derechos de las personas.


Si los animales irracionales, merece la pena recordarlo, actúan por instinto y con comportamientos elementales, invariables e ignorantes, no puede existir en ellos ni un resquicio de bondad como pretenden quienes, desde su exhibicionismo, defienden esta particularidad.


Alfonso Campuzano
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