viernes, 29 de julio de 2016

LA ADULTERACIÓN DEL AYER


Los libros de ideas contrapuestas son los únicos que sirven para evitar que, entre ignaros, prevalezca la idea de que la verdad es la que le dicta el vecino al oído – Alfonso Campuzano

A mi abuelo solía oírle con cierta frecuencia, sobre todo cuando el tema del que hablábamos era político, y se caldeaba, que se habla mucho del Golpe de Estado de julio de 1936 y muy poco, o nada, de la Bolchevización y Revolución del Partido Socialista o, también llamado por los historiadores, Golpe Socialista de octubre de 1934.
Un año antes, dicho partido, tras independizarse y romper con la recién nacida República, arrastró hacia la aventura autárquica a los españoles, mediante derroteros subversivos, disfrazada de democracia, a la que se incorporaron comunistas y anarquistas, habiendo momentos en que los cabecillas tenían que encararse a la tropa con la cruda verdad, y no ser capaces der convencerlos de que transigieran en las directrices coyunturales del engranaje democrático, lo que favoreció que, la mayor parte de los historiadores atribuyen, fuera la raíz y/o la mitad de la espantosa y suprema influencia de la última guerra civil española.
Siendo, como es, muy difícil llegar a un consenso, y menos actualmente, donde se intenta tergiversar todo, acudiendo en una obsesiva y desenfrenada carrera hacia los Tribunales de Justicia y en Plenos Consistoriales, quizás algo desequilibrados, para interpretar hechos trasnochados, que deben ser aceptados, porque no se pueden cambiar, porque no se han vivido, con el afán de ganar la guerra a la guerra, aunque ayudados por una revanchista, y mal interpretada, Ley de Memoria Histórica que, sin haber cotejado libros de escritores hablando de uno y otro adversario se erigen en depositarios de la gran verdad, una verdad como otra cualquiera.
Sería de esperar que con esta ley, mediante un libro de entradas, se consiguiera saber, de una vez por todas, el número exacto de personas ejecutadas, con nombres y apellidos, por ambos bandos contendientes, ya que, pese al tiempo transcurrido, hasta ahora, todo son números supuestos.
La Historia de todos los antepasados españoles, es verdad que se puede reescribir en los Juzgados, mediante un resarcimiento consentido y teledirigido, muy bien aprovechado por la tolerancia social, aunque siempre faltando a la ética y deontología política, incluso letrada, tratando de aupar a las minorías dictatoriales que utilizan en su dialéctica, como defensa, el chantaje cotidiano. Sin embargo, así está sucediendo, pese a desconocer las consecuencias reales de este desnortamiento.
Unas generaciones puente, que durante ochenta años, almacenan vivencias únicas y comparativas sin precedentes, gracias a que vivimos en una sociedad reafirmada en la vulgaridad, hacen que la visión pasada, presente y futura sea bastante deficiente, y en la que ellas, aparte de soñar, pusieron todo su empeño en que no pasara lo que está pasando, porque es difícil entender que se atreva a criticarlo.
No obstante, el ideario de los partidos de izquierda de los años treinta del siglo pasado, obsoleto y trasnochado en gestos y actos, continúa vigente en algunos partidos de extrema izquierda al exigir: nacionalizar la tierra; disolver el Ejército y la Guardia Civil; descatolizar a la sociedad. Todo ello tiene antigüedad con eco en el presente.

Ya, en 1984, Julián Marías, advertía en su artículo La falsificación del pasado escrito para ABC, que la Historia se está escribiendo de manera irreconocible hasta dar una visión particularmente desfiguradora desde la perspectiva republicana.


BIBLIOGRAFÍA:

El Golpe Socialista (octubre 1934). Enrique Barco Teruel. 1984.

Alfonso Campuzano
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jueves, 21 de julio de 2016

HACIA EL IMPACTO TRANSGÉNICO

La ingeniería genética artificial ha tenido, y tiene, como maestra la modificación genética natural – Alfonso Campuzano    

La obsesión por incorporar plantas modificadas mediante ingeniería genética a la agricultura, llamadas vulgarmente plantas transgénicas, es decir, cultivos de alimentos teóricamente mejorados a través de biotecnología que, sin haber hecho estudios científicos serios y contrastados puede acarrear consecuencias imprevisibles, tanto a la especie humana como a la animal, entre las que se pueden contabilizar multitud de enfermedades desconocidas y, por tanto, difíciles de tratar y curar.
La trascendencia medioambiental, que se avecina, va desde la transformación de la conexión nutricional, debido al peligro existente a merced del intercambio entre los cultivos transgénicos y las especies naturales, hasta la aniquilación de especies naturales o incluso cambios en sus condiciones, pasando por las costumbres de otras especies, tanto animales como vegetales, que necesitan cultivos naturales no precisamente transgénicos.
Parece ser un error el posicionarse en contra de la hambruna mundial, exigiendo que se aceleren las herramientas biotecnológicas para dar alimento, como sea, sin saber las secuelas, que pueden llegar a ser catastróficas. Aunque el apoyo, con la firma, provenga de más de cien galardonados con el premio Nobel, en disciplinas como pueden ser Física, Medicina, Química, después de haber sabido que la estadounidense National Academy of Sciences (N.A.S.) haya comunicado que ha verificado los análisis realizados en los últimos treinta años sobre la huella dejada por alimentos derivados de especímenes transformados genéticamente, deduciendo que son tan fiables como los especímenes habituales, lo cual no quiere decir que estén en posesión de la verdad, y que puede resultar cruel, porque estén condicionados, tanto la Academia como los Nobeles, por empresa multinacional llamada Monsanto, en trámite de adquisición por la empresa farmacéutica Bayer, sin saber cuál será su futuro semillero, vamos, un monsantazo de libro.
La duda aparece, no precisamente ahora, sino desde hace bastantes años, en el horizonte alimentario cuando se piensa que los productos transgénicos pueden ser un peligro potencial para la Humanidad y, de hecho, no está descartado totalmente.
Por primera vez se puede estar de acuerdo con la famosa organización ambientalista Greenpeace al considerar que el treinta por ciento de los alimentos no modificados genéticamente, los que habitualmente consume el primer mundo, en lugar de ir directamente a la basura, fueran distribuidos entre las personas que padecen hambruna, de manera que no fuera necesario recurrir a la experimentación con alimentos mediante ingeniería genética.
Por alguna razón, hasta ahora desconocida, en Europa, salvo en diecinueve países, únicamente está autorizado sembrar maíz transgénico, precisamente el MON810, pese a que hipócritamente compran y venden más de setenta productos transgénicos.

La realidad es que no se puede ingerir cualquier pseudoalimento, aunque se pase hambre, salvo conscientemente. La hambruna no se debe combatir con cultivos transgénicos, sino con inversiones en arenales que logren transformarlos en auténticos oasis, que se puede, pero nunca utilizando semillas anuales Monsanto, que no sirven de un año para otro.

Alfonso Campuzano
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