jueves, 27 de abril de 2017

CUANDO LA METEOROLOGÍA SE CONFIESA


Cambio climático y calentamiento global son dos latiguillos muy bien aprendidos y soltados en cualquier conversación sin conocer el trasfondo que esconden – Alfonso Campuzano


Cuando se habla de cambio climático, con tanta facilidad y con tanta alegría, es para ocultar, durante milenios, lo que la especie humana no ha sabido codificar, que tanto le asusta, y que desea ardientemente que no se cumpla lo que la Naturaleza de este planeta azul debe desarrollar para poder evolucionar.
El clima, tal como se vive diariamente, es inestable, jamás ha sido ni es constante muy semejante a las llamadas constantes del organismo como son la tensión arterial, la temperatura, etcétera, que no lo son a lo largo de las veinticuatro horas del día , y en esa inestabilidad se esquematizan los diferentes modelos climáticos que se configuran a lo largo de cada jornada, que varían cada hora; unos modelos, que albergan quizá demasiados parámetros, que hacen agua, aunque no llueva ni nieve.
Impresiona cómo todos los meteorólogos beben de la misma fuente; sin embargo, cada uno, e independientemente, desarrolla sus propias plantillas climáticas adecuadas, trabajadas concienzudamente, de ahí que sorprendan tanto las diferencias que habitualmente exhiben, cuando se analizan, entre todos los medios de comunicación audio-visuales, unas veces mínimas y otras bastante notables, en cuanto a la predicción y previsión de datos como son los grados de temperatura, la dirección y fuerza del viento, la humedad, la nubosidad, la precipitación, la presión atmosférica, la probabilidad de lluvia, la sensación térmica, el sol, la visibilidad.
Lo que no se puede decir es que, sólo predicen, aciertan única y casi exclusivamente cuando se trata de la mar abierta, del océano, y los navegantes y pescadores se lo agradecen. Sin embargo, cuando un frente frío, o un frente de lo que sea, choca con una o varias cordilleras, como es el caso de la Península Ibérica, todo se desbarata.
Los días previos a la presencia de un frente nuboso, con probabilidad de lluvia, se acentúan en su ensanchamiento las condensaciones acuosas que escapan por las toberas de los aviones comerciales reactores.
Es decir, la meteorología no acierta para el futuro, sino para el pasado, pues al analizar sus estadísticas, hechas retrospectivamente a partir del día anterior, ahí es donde aciertan de pleno. De manera que si no pueden predecir el clima que puede hacer en las próximas veinticuatro horas al ciento por ciento ¿cómo van a acertar lo que va a ocurrir dentro de veintitantos años? Sin embargo, parece que algún grupo está muy interesado en que se les crea a pie juntillas.
Los geólogos sí que saben, pero... han enmudecido.

Alfonso Campuzano
          
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